Estado mental: confuso.

23 04 2010

Hoy tuve pánico, lo reconozco.
Me sentí tan atormentado que si escuchaba música sentía que me iban a venir a buscar.

Soy la angustia de mi depresión.

Tampoco pude disfrutar de mi escribir. Lo poco que hice fue a muy baja celeridad solo por el hecho de no escuchar casi nada.

Soy el quid de mis miedos.

Todo esto me fue ocurriendo hasta que pensé en vos. Tu cuerpo no me defraudó nunca y supe desde ese momento que iba a esperar un día entero para llamarte, porque difícil es que vos tomes la iniciativa.

Soy el rumor de mi cerebro.

Pensé en vos y en las noches de mono-sinceridad que tuviste que soportar.
Y por todo esto es que hoy no puedo sacarte de mi cabeza.
Pensé en vos, medida quíntuple de whisky, mañana nos reencontraremos, haremos desastres y hablaremos de putas.



La juventud y un nombre que se pierde.

21 04 2010

Hoy me acordé de vos.
Nunca voy a olvidar aquella tarde que nos encontramos en Alto Palermo.
Llevabas esa carterita rosa que me gustó siempre y supuse que era una señal.
Yo había vuelto a mi casa para afeitarme y estar un poco más prolijo.
¿Te acordás de las caminatas por Santa Fe?
¿Y de las cervezas sin sentido?
¿De las charlas hasta altas horas y de las risas absurdas?
¿Te acordás cuando me tomaba el tren hasta Castelar con el único fin de verte un rato?
¿Y cuando me diste el teléfono de tu casa para que podamos hablar más tranquilos?
Eramos tan jóvenes…
¿Te acordás de las carcajadas que le provocaba a tu padre?
¿Y lo que él me quería y confiaba en mí?
¿Te acordás cuando me dijiste que me dejabas porque era demasiado bueno?
Bueno, ahora estoy hecho un hijo de puta. Así que si querés, podés volver.



No es Yerma

16 04 2010

X noun ( LETTER ) /eks/ n [C] (plural X’s or Xs)
(also x (plural x’s)) the 24th letter of the English alphabet

Juan Carlos aparece en escena.
El decorado es una mesa ratona y tres sillas que conforman un círculo.
Juan Carlos toma asiento y se sirve un vaso de leche.
Lo bebe casi sin respirar y, automáticamente, se sirve otro y espera.
Ingresa X1. Se sienta y espera.
Ingresa X2.
Juan Carlos le pregunta a ambas por qué aclararon, antes de cualquier acontecimiento, que él debería sufrir.
Ambas permanecen calladas pero con gran remordimiento.
Habla X1: “Yo no sé”.
Habla X2: “Y yo tampoco”.
Juan Carlos se levanta, retrocede, se agarra la cabeza y les indica con un gesto que se retiren del lugar.
Él toma un papel y escribe: “Esta vez dejo todo en tus manos”.
Sonríe.



Hola, Juan Carlos.

12 02 2010

Ingresé a mi casa como cualquier otro día.
Sorprendido miré la mesa. Se encontraba pulcra.
Sin encender la luz caminé despacio hasta el comedor y dejé la mochila, como de costumbre.
Se respiraba un agradable aroma mezclado con olor a tabaco.
De repente sentí la presencia de alguien. Venía del sillón y pude observar las siluetas en medio de la penumbra.
Era una pareja.
Él fumaba un habano plácidamente mientras su mirada me penetraba.
Ella lo acompañaba acariciándole la espalda.
Ambos vestían elegantemente.
Escuché una voz masculina.

- “Hola Juan Carlos, te estábamos esperando”.
- “Hola” – Respondí – “¿Quieren un café?”.

Ambos dijeron que sí.
Aunque me dirigí a la cocina sin demostrar estupor, mi nombre no es Juan Carlos.
En ese preciso instante una parte de mí comenzó a sentir temor.
Mientras la otra parte empezó a entender, de a poco, el porqué de los hechos inexplicables que ocurrieron en el último tiempo.



El adiós de Juan.

27 12 2009

Soy Juan de las Pelotas.
Docente de profesión, borracho y mujeriego. Irresponsable de mis incoherencias.
Perdón. Responsable de mis incoherencias. Irresponsable.
Prefiero realizar todo sobre la marcha y no planear nada. No me ha ido tan mal.
No duermo. Generalmente no duermo.
Vivo el día como si fuese una novela sin fin.
Me mantengo despierto gracias a ansiolíticos y vitaminas.
Aun así vivo en el mundo de la irrealidad.
Hoy me propuse leer algo que tenía escondido. Vaya a saber Dios por qué.
Me propuse leerlo y lo terminé
Y puedo decir una cosa.
Es la tercera vez en la vida que me siento tan identificado con alguna historia ajena.
Y sé que hasta aquí llegué.
Me despido.
Te quiero.

Soy Lucía Concha.
La última amante reconocida de Juan.
Creo que la última, si no vivió algún amorío paralelo.
Hoy Juan se quitó la vida.
Sobre mi cama se encontraba esta nota, junto con dos libros y una cinta que sus nombres no pueden ser revelados.

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Simple v.5

19 12 2009

Amor de chat



Simple v.4

17 12 2009

Mientras muchos siguen creyendo en la mediocridad de Seis Sombreros para Pensar, la clave de mi éxito pasa por el secret (léase “sicret”) y la remera de Muerte es una puta.

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Desde el escenario: Temporada 5

16 12 2009

Cuando iba caminando con mi mascota por una ciudad dónde no había nada por hacer, decidí de repente entretenerla para que ella pudiera meterse en el sueño de todos ustedes y robarles el alma.
En el momento que decidió hacerse un poco más hombre intentó declararse abstracto en relación a lo que pensaba.
La mascota se llamó Pitchu durante el proceso de alimentación.
Luego un dios griego la adoptó y cambió su nombre a “Chanes”. Además, los griegos la descubrieron realizando obscenidades y tuvieron que terminar con el martirio de mantenerla viva.
Velozmente, pensó: “Creo que esto no da para más”.
Y terminó su vida explotando cada grano de su alma en el instante que optó por sentarse a mi lado y arruinar el resto de mi evaluación.
Ok, necesito hacer el truque ya.
Angelito no paraba de decir pelotudeces.
En un santiamén de estupidez absoluta nuestra mascota volvió a nombrarse porque no se sentía del todo bien.
Optó por un nuevo nombre: Cachito. Aunque el mismo brillase por su ausencia.
Cambiá la hoja, cambiá la hoja, amigo. YA.
Ok, la primera ya está arriba.
Mientras el resto de la gilada seguía haciendo boludeces nuestra mascota decició convertirse en un ángel. Un poco muerto, un poco pelotudo. Pero muy inteligente, por cierto.
Entonces, se invadió de ira Neófila y se acordó en la forma que casi le duermen el pen drive de fin de año.
Se escuchaban risas y teclas de fondo por lo tanto la mascotita se volvía cada vez más intolerante.
Pensó en granos y pensó en café. Pensó en verde.
Tirame la data para hacer el cambiazo.
Esta fiesta es de a tres. Mi mascota, ahora Carlitos, se lo va a empomar a todos.
Ok, este es el momento de actuar.
Chau viejo, pudrite en la concha de tu grano.
Pregunta: ¿Para qué vino Pablito?

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Huele a espíritu adolescente

7 12 2009

Ya teníamos varias noches encima. Aún no éramos los reyes de la noche, pero todo se estaba formando muy de a poco.
Entramos al boliche que daba forma a la historia de nuestros sábados, cómo de costumbre.
Todavía no conocíamos la previa e ingresábamos relativamente temprano. A la noche. Ya habíamos dejado la Matinee. En realidad la noche noche aún no existía. En ese entonces existía la Marathon, que consistía en permanecer en el boliche desde las 19 hasta las 4, los becerros se iban a las 12 y los más grandes quedaban hasta el final.
Como nuestra edad era confusa, quedábamos ahí en el medio, mezclándonos entre las dos tribus. Y pasábamos por desapercibidos.

- “Rata, Rata. Tengo un pedo para mil, boludo. No sé ni yo lo que tomé. ¿Vos que tomaste? Porque yo me re cebé con los chupitos calientes y ahora no puedo mantenerme en pie. Rata estoy re en pedo boludo. Ya no sé que hacer para pilotearla. Encima Adri cae a cada rato con sus piscos. Malditos piscos. Se me da vuelta todo. Mirá, me voy a ir a chamuyar a la gordita. Porque me mira ¿viste? Y además está bastante buena, no tiene nada que ver que sea gordita ¿o si? Yo creo que no, mejor me la voy a chamuyar porque es tetona. Me gusta la gordita, ahora vengo.”

Y eso hice. Me daba cuenta que estaba en pedo pero estaba bastante bien, podía mantener una conversación necesariamente racional. Así que sin dudarla me fui a charlar a la gordita. Que era linda, simpática y tenía todo lo que una pendeja de 16 debía tener.

- “Yo te veo en la peatonal todas las tardes ¿Cómo te llamabas? Porque estoy seguro que sé tu nombre. Ah Julieta. Juli, ahora me acuerdo. ¿Vas al inmaculada, no? Ah que macana che, porque sos re parecida a una Juli del inmaculada. Igual es verdad que te veo cara conocida. ¿Vamos a tomar cerveza?”

Ya curtido con el alcohol invitaba a tomar cerveza a cuanta chica me conversara más de 7 palabras seguidas sin notar en su cara la tan conocida expresión de “qué estúpido, en que momento se irá”.

El problema a todo esto era que Juli era como la cuarta chica que le invitaba una cerveza y me había olvidado de anotar en mi lista temporal de tragos-de-la-noche los chupitos prendidos fuego, los piscos de Adri, la caña de la Rata y los “juguitos de ananá” del Oso colmados en alcohol.

Nos habíamos ido cerca de los guardarropas. Era un lugar tranquilo porque la música no sonaba tan fuerte, se podía conversar y eventualmente transar. Porque así lo llamábamos a fines del 93. Transar. El término estaba bueno y lo siguieron usando las generaciones ulteriores.

Terminada la charla de rutina, tomé coraje y le acerque la boca a Juli recibiendo un caluroso beso. La abrazaba y trataba de sostener el vaso con una mano y con el otro le hacía gestos al Gusano que estaba atrás mío observando el panorama.

Cerré los ojos, dejé de hacer los gestitos pedorros hacía mi amigo y me quise concentrar en el beso.

- “Ahora vengo Juli, me vas a tener que esperar”

Y me fui, sin dudarlo, porque el vómito se escapaba de mi boca. Pisé muchas personas en el camino, recibí patadas y puteadas.

Me fui a los reservados y me senté solo en un sillón que quedaba vacío.
Me quedé no sé cuanto tiempo en ese sillón. Trataba de abrir los ojos pero pesaban como una tonelada cada uno y se me hacía imposible mantenerlos abiertos.

Cuando podía reaccionar abría la boca y vomitaba. Enfrente mío estaba el gordo Rodrigo. También en pedo. Pero él podía aguantar sus vómitos. El gordo me señalaba y se cagaba de la risa. Yo pensaba “gordo hijo de puta de qué mierda te reís”. Pero sólo lo pensaba porque no podía decir una palabra, no tenía fuerza para nada.

Un alma generosa me llevó al baño, hizo que lave mi cara y me puso agua fría en la nuca.
En ese estado volví a buscar a Juli, quien asquerosamente siguió besándome.

Después de un buen rato fui en búsqueda de mis cómplices nocturnos. Estaban todos juntos en el rincón de una de las escaleras. Diciéndole barbaridades a cuanta chica esbelta se cruzara en el camino. Porque eso es lo que hacíamos. Decíamos barbaridades. No existían los piropos ni el chamuyo barato. Eran simples obscenidades sin objetivo de buscar amor perpetuo.

- “Rata no sabés lo mal que me siento. Rata no puedo parar de vomitar”.

Y sin darme cuenta empecé a vomitar sobre la mano de la Rata. En realidad no sé si no me daba cuenta. Lo que sé es que no tenía otra alternativa. La Rata estaba ahí y su mano en el mismo lugar donde mejor iba a calzar mi vómito.

Se cagaba de risa y me mostraba su mano. Por suerte no se lo tomó a mal. Ni él ni nadie a nuestro alrededor. Porque estábamos todos en las mismas condiciones. Del culo.

La Rata se iluminó y le pidió al Moni que nos lleve a un bar a tomar un café. Él era el menos borracho y el que podía llevarnos a tomar algo para sentirnos mejor.
Nos cargó a cada uno en un hombro y nos llevó hasta el bar de un profesor nuestro, donde amablemente nos sirvieron un café doble a cada uno.
Terminado el café vino el último vómito.

Ya estaba en condiciones de regresar a mi casa. Con cero energías. Con una mina a cuestas y con un millón de neuronas menos.

- “Rata… ¿por qué no nos sentamos un ratito en las vías? Está tranquila la noche y yo estoy muy cansado.”

Nos despertamos los dos al rato largo de habernos quedados dormidos inconcientemente en las vías del tren. Fue ese el momento donde caímos en la realidad de que no estábamos en estado de hacer locuras por la noche. Que la noche estaba pensada para descansar.

Puedo decir que la mañana siguiente fue eterna. Que no podía acordarme lo que había hecho la noche anterior. Que no tenía ganas de salir de mi cuarto para que mi familia no me preguntara nada. Porque algo me iban a decir. Porque no recordaba cómo había llegado. Porque no recordaba, a esa altura, que había hecho la noche anterior. Ni recordaba la existencia de Juli. Ni de la Rata. Ni de los piscos de Adri.

Golpearon la puerta. Era mi vieja que venía a darme el teléfono, porque había recibido una llamada.
Era Pablo que me estaba esperando para estudiar y estaba preocupado porque le había dicho que iba a ir por la mañana y aún no tenía novedades mías.

Finalmente reaccioné. Me despertó el olor a vómito que venía de mi remera. Ésta yacía al costado de mi cama.

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Contemplándolo

16 11 2009

Aburrido de esperar contemplé la silueta reflejada en el espejo.
Sin sentido tomé la navaja y comencé a temblar insoportablemente
Sudor.
Había perdido noción del tiempo. Las horas sólo pasaban sin dejar bocanadas de aire.
Tic-tac. El reloj lastimaba mis oídos.
Horas y más horas.
Mis piernas ya no temblaban, mas no podía dejar de contemplar el reflejo.
Entonces lo vi a él.
Viejo y triste.
Firme.
Casi sin sentido.
La mano en alto, los ojos sin expresión.
La navaja hablaba. Pedía a gritos ser utilizada para terminar con el martirio.
Lo vi.
Viejo y triste.
Sus lágrimas, secas a causas de la gran cantidad de tiempo.
La mirada rígida. El reloj y su tic-tac no hacían más que lastimar sobre lo herido.
El espejo quería expresar algo que yo no podía descifrar.
Y ahí me encontraba yo.
Contemplándolo.
Observando como él envejecía.

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